Era sólo cuestión de tiempo para que la chispa de la revuelta pasara de Túnez y Egipto a su vecino Libia, pero es muy pronto para decir si los opositores al eterno líder revolucionario Muammar Khadafy estarán en condiciones, tanto numéricas como organizativas, de enviar al dirigente de 68 años al desierto.