El 4 de noviembre se cumplieron 15 años del asesinato del primer ministro de Israel Itzjak Rabin. Cuesta creer que aquella noche nefasta ocurrió aquí, en Israel, donde nadie pensaba que eso sería posible, donde todos creían siempre que la amenaza era posible únicamente de parte de algún extremista árabe. Cada vez que se acercan las fechas recordatorias, resurgen las polémicas: ¿acaso sólo la izquierda debe recordar a Rabin y honrar su memoria? ¿Quizás la izquierda alejó a los demócratas del lado derecho del espectro político israelí? ¿Cómo separar los dos mensajes claves de esta situación? Por un lado, está el recuerdo de que Rabin fue asesinado por su política en el proceso de paz, a manos de un opositor radical de derecha. Por otro lado, lo central: en democracia, las discrepancias no se resuelven mediante el asesinato.
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