La movilización que volteó a Mubarak tuvo varias características salientes que sorprendieron no sólo a los egipcios sino a los políticos y analistas de todo el mundo. La primera es la velocidad y potencia con que se desarrollaron los acontecimientos, en un país que, hasta hace pocas semanas, parecía estable y en el cual se discutía, incluso, la posibilidad de una nueva reelección de Mubarak. La segunda es que el fantasma del peligro del islamismo radical, agitado por el poder regional y occidental, no se hizo presente; que un islamismo moderado participó como un actor político más y sin ambiciones hegemónicas, y que la calle enarboló reivindicaciones laicas y democráticas.