Hay que observar bien el mapa. El mundo árabe se extiende desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico, como heredero de la gran embestida musulmana que hace 1.300 años despojó a la Cristiandad de toda la costa meridional del Mediterráneo y conquistó la península ibérica. De aquella expansión sobrevive no sólo esa gran mancha geográfica, sino también una devoción religiosa que otorga a ese mundo un sentimiento de unidad nada sorprendente. Porque la historia del Islam tiene siete siglos menos que la Iglesia romana, y está por lo tanto en una etapa de su evolución que equivale al integrismo europeo de la Edad Media, con sus rasgos de fervor, xenofobia, intolerancia política y autoritarismo clerical, que el mundo árabe refleja hoy como un espejo tardío.