Si retrocedemos menos de siete décadas, podríamos recordar que inmediatamente después de la segunda Guerra Mundial, gran parte del mundo se dividió en dos imperios: el norteamericano y el soviético. El Medio Oriente fue uno de los escenarios de batallas por su disputa imperialista, en esa guerra “fría” mantenida de forma tal que, a pesar de que hubo más de una guerra en las que participaron sus respectivos ejércitos, nunca llegaron a confrontarse directamente.