Aunque no arriesgan quién sería el próximo presidente en caer, varios analistas advierten que si los mandatarios árabes no adoptan cambios «rápidamente», sufrirán las revoluciones de Túnez y Egipto. Para Israel no peligran las relaciones.
Aunque no arriesgan quién sería el próximo presidente en caer, varios analistas advierten que si los mandatarios árabes no adoptan cambios «rápidamente», sufrirán las revoluciones de Túnez y Egipto. Para Israel no peligran las relaciones.
Menos de un mes después que el mundo presenció cómo Túnez celebraba la caída de un gobernante autoritario, las escenas de ayer en el centro de El Cairo ofrecieron una imagen más elocuente del nuevo poder de los pueblos árabes: una multitud jubilosa celebrando el fin del presidente Hosni Mubarak.
EL júbilo mundial por la caída de Hosni Mubarak es atemperado por la incertidumbre sobre el rumbo que tomará su reemplazo en el gobierno de Egipto. Las masivas protestas populares, con participación mayoritaria de jóvenes, lograron su objetivo de terminar con 30 años de un régimen represivo y retrógrado. Pero sus reclamos de democracia, respeto a las libertades básicas y oportunidades de desarrollo individual dependen de lo que ocurra en los próximos meses en un país cuyo pueblo jamás conoció el estado de derecho. Y de la sucesión a Mubarak depende también que el perdurable incendio latente en Medio Oriente se mantenga bajo cierto control o vuelva a estallar en llamaradas incontenibles.
La oposición iraní volvió a convocar ayer a una manifestación de apoyo a las revueltas de Túnez y Egipto, a pesar de una advertencia del gobierno de que cualquier protesta acarreará consecuencias.