Europa le compraba a Khadafy el 90% del petróleo libio, le vendía armas y abría sus bancos y empresas a los petrodólares del dictador, fortaleciendo así a un régimen que hoy reprime violentamente a sus ciudadanos. Los vínculos con Italia -Libia es accionista nada menos que de la Juventus, FIAT y el mayor banco del país-, las inversiones inmobiliarias en España y los negocios con Francia, Alemania, Gran Bretaña y EE.UU., dejan al desnudo la complicidad occidental con el régimen libio. Quién paga cuando la realpolitik se tiñe de sangre.