Hace tres años, fallecía Chiara Lubich, quien en 1943, en Trento, su ciudad natal, desafió los horrores de la Segunda Guerra Mundial proclamando: «Todo lo vence el amor». Su pasión y compromiso, en medio de un escenario de muerte y destrucción, invitaban a la realización de la fraternidad universal. El pensamiento y la obra de Lubich abrieron caminos en el plano de las relaciones entre los pueblos, proponiendo un recorrido de paz y convivencia entre las culturas. Hoy, la firmeza de su carisma y la eficacia de su obra constituyen un «signo de los tiempos»: abiertos a los valores de la verdad, la paz, la justicia, la solidaridad y el amor.
Ver nota completa