Una de las más extensas cacerías humanas de la historia terminó en la antevíspera con la muerte de Osama Bin Laden, quien no vivía en una cueva en las montañas de Afganistán sino en una cómoda residencia prácticamente en las fauces de su enemigo. El hecho prueba, en primer lugar, que ningún terrorista está fuera del alcance de la Justicia. Para estas columnas, lo que interesa es hoy detallar los principales aspectos de la investigación que permitió localizarlo y trazar algunas reflexiones sobre el futuro de al-Qaeda y el terrorismo internacional.