La muerte de Osama Bin Laden es un hecho relevante por lo simbólico. No por liderar la red terrorista Al Qaeda, que apenas tiene alrededor de un millar de combatientes activos en sus células. Murió el ideólogo de algunas de las más apocalípticas operaciones de terror, que lo convirtieron en una referencia para ese heterogéneo mundo fundamentalista y radical. Todos los que siguen matando en nombre de Alá, y son muchos, lo reivindican casi mitológicamente.