Sabido es que nuestro país tiene una relación muy especial con la comunidad judía que integra nuestra nación y con el Estado de Israel. La primera, desde el siglo XIX pero mucho más después de las guerras mundiales, comparte nuestras peripecias y aporta lo que todo inmigrante dio a la magnífica síntesis humana que somos: trabajo en todas sus dimensiones, hijos incorporados al torrente nacional, sabios, profesionales y artistas.