Así como criticamos la forma en que se manejaron las cosas en la primera flotilla mal llamada de la libertad, tenemos que ofrecer un aplauso a lo actuado en esta oportunidad. Las flotillas marítima y aérea, ambas coordinadas, financiadas por organizaciones poderosas, apoyado por algunos políticos y Gobiernos del mundo y anunciando a mil voces que cumplirán su cometido tenían un objetivo netamente político y nada solidario. No se trató de ayudar sino de destruir y de obstruir cualquier camino de paz posible, que cada vez es menos posible. Pero esta vez hubo previsión, hubo diligencias diplomáticas de alto vuelo, hubo mano firme para saber y hacer saber que no pasarán. Como en aquel interesante juego de la “batalla naval” en que debíamos acertar las coordenadas para hundir los barcos en forma imaginaria, Israel ha acertado en su estrategia diplomática logrando hundir las intenciones de los activistas pro palestinos y anti israelíes antes de comenzar la operación o recién iniciada y muy lejos de concretarla.
Ver nota completa