En enero explotó Túnez, en febrero Egipto y en las sucesivas semanas se movilizaron en Libia, Siria, Argelia, Jordania, Yemen, Bahréin, pero lo que parecía ser una movida que se extendería a todo el mundo árabe, las revueltas han mostrado resultados disímiles propios de realidades diferentes de cada nación islámica. Y, aunque las cosas no volverán a ser como antes en la región, se está muy lejos de un gran movimiento que englobe a los 22 Estados árabes.