A 11 kilómetros de la costa oeste de Inglaterra una antigua base militar británica de 500 m² -erigida durante la segunda guerra mundial para servir de defensa ante los alemanes- se ha convertido en símbolo de una utopía por la independencia y autonomía. Primero para la familia de Paddy Roy Bates, un ex integrante del Ejército inglés que en 1967 invadió la base abandonada y un año después la declaró un país independiente porque legalmente estaba afuera de las aguas territoriales de Gran Bretaña. En la actualidad, también lo es para los 39 mil seguidores del perfil de Sealand -como se llama el lugar- en Facebook o para centenares de personas que se apuntan a las conferencias de los representantes del gobierno alrededor del mundo, en las que debaten esta subversiva idea de nación.