Turquía está tratando de emerger como la potencia dominante de Oriente Medio, y Recep Tayyip Erdogan está jugando su mano con cuidado. El ascenso de la Turquía sunita ha llevado a inevitables fricciones por la supremacía regional con el otro contendiente no árabe, la República Islámica de Irán. Siria constituye actualmente el principal escenario de esta rivalidad. El largo período de siembra que el Gobierno turco, dirigido por el AKP, ofreció tanto al régimen como a la oposición árabe sunita de Siria está dando sus frutos: Turquía parece haber recibido de Occidente el encargo clave de organizar a la oposición y de aplicar presiones sobre el régimen sirio. Irán, mientras tanto, está tratando de mantener a su cliente en el poder en Siria a través de la fuerza bruta.
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