Cuando entrevisté al secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, la semana pasada, estaba curioso por saber qué me diría sobre las críticas del Congreso estadounidense de que la ONU ha sido cooptada por gobiernos totalitarios. Horas antes, el 14 de octubre, el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, controlado por los republicanos y presidido por la congresista Ileana Ros-Lehtinen, había presentado un proyecto de ley que de ser aprobado haría voluntarias las contribuciones de Estados Unidos a la ONU, y las condicionaría al comportamiento de las agencias de la ONU en temas clave tales como los derechos humanos y el desarme.