El pueblo palestino necesita tener su Estado, pero no debería ser cuestionando o a expensas de la existencia del Estado de Israel. En los hechos hoy hay dos Palestinas, geográficas y políticas. Ambas tienen su particular visión de ese Estado que esperan construir y de sus relaciones con los vecinos israelíes. No es un hecho menor, porque de eso dependerá la viabilidad de su futuro Estado y la paz en la Medio Oriente. Uno de los principales escollos para avanzar en la concreción de un Estado palestino y llegar a una paz duradera ha sido la histórica división entre Hamas, grupo radical islámico que controla Gaza, y Fatah, que gobierna Cisjordania. Ambas facciones se han sumergido en eternos enfrentamientos que han dejado muertos y violencia fratricida, además de retrasar la concreción de un Estado palestino. Hamas se niega reiteradamente a reconocer a Israel, a aceptar los acuerdos previamente firmados por los líderes de Fatah y a renunciar al terrorismo. Hamas ha convertido a Gaza en un bastión de ataques contra poblaciones israelíes, y, en recientes declaraciones de uno de sus voceros, ha manifestado incluso su oposición a que el presidente Abbas llevara a la ONU el tema del Estado palestino, pues este sería creado «solo en Cisjordania y Gaza y no en toda Palestina». Vale la pena recordar que Hamas reclama para los palestinos el territorio donde hoy se levanta la democracia israelí y que le fuera otorgado por la ONU el siglo pasado. El grupo Hamas, aliado de Irán, no es reconocido y es calificado como una organización terrorista por Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Gran Bretaña, Japón y Jordania, entre otros países y organizaciones multilaterales.
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