La negativa por parte de Abbas de reconocer a Israel como un estado judío -con el argumento de que, si lo hace, estaría traicionando al 1,5 millón de ciudadanos palestinos de Israel- confirmó una preocupación israelí clave y alimentó los temores de los escépticos de una agenda palestina a largo plazo que se mantiene oculta y que está destinada a descartar directamente el estado judío. Esto quizá desaliente a los pacifistas israelíes y envalentone a los belicistas en su insistencia de que ningún progreso hacia la paz es posible sin la aceptación inequívoca de Israel como la tierra nacional judía por parte de los palestinos. Netanyahu no tiene más que presentar los argumentos de Abbas como una prueba de que, para los palestinos, la paz con Israel es sólo la primera etapa en una estrategia mayor que tiene como objetivo una Palestina, que abarque la totalidad de Israel, con una mayoría árabe.
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