Familias emigrantes abrasadas en el incendio de su residencia, africanos, asiáticos y turcos tiroteados a quemarropa o bárbaramente golpeados hasta la muerte en estaciones de metro, calles y pasos subterráneos. Vagabundos, adolescentes, mujeres, ancianos, izquierdistas, policías… la violencia de extrema derecha es, con gran diferencia, el principal factor de terrorismo en el país. Los nazis han matado mucho más que el radicalismo islámico, que en Alemania no ha producido ningún gran atentado. Mucho más que la célebre «Fracción del Ejército Rojo» de Andreas Baader y Ulrike Meinhof, que produjo 34 muertos entre su fundación en 1970 y su disolución en 1998, sin contar los 27 activistas que la banda dejó por el camino en tiroteos con la policía y huelgas de hambre. Esas violencias, que han inspirado toneladas de obras y titulares de periódico, se quedan muy cortas al lado de la violencia neonazi. Sin embargo no se reconoce.
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