Después de las inesperadas revueltas populares que barrieron con los regímenes de varios países árabes aliados de Occidente, los principales gobiernos del mundo desarrollado se ven obligados ahora a asumir los primeros triunfos electorales islamistas, como ocurrió en Túnez y en Marruecos. «No podemos más que apoyar los procesos en curso desde el momento en que son el resultado de las urnas, democráticos. Hay que jugar el juego y mostrarse abiertos y vigilantes», subrayó un diplomático europeo en Bruselas.