Si un hecho trascendental caracterizó el 2011, ese fue, sin duda, la denominada «primavera árabe». Civiles oprimidos, indignados y desesperados se apoderaron de avenidas y plazas, se enfrentaron a gobiernos, ejércitos, policías y bandas de matones, derrocaron tiranías sangrientas, desarrollaron elecciones libres y actualmente se miden con períodos de transiciones políticas, económicas y sociales muy difíciles de evaluar en qué realmente derivarán.