La memoria es una lámpara que se apaga luego de alumbrar durante un tiempo. Solo sigue encendida indefinidamente para las grandes conmociones (una muerte en la familia, una guerra mundial) pero no para todas las muertes y tampoco para todas las guerras. Por eso poca gente es capaz de contabilizar los conflictos bélicos que hubo a lo largo de 2011, porque el chispazo de la memoria es igual al de las noticias, donde las cosas brillan y después desaparecen para dar paso a lo que viene detrás. Sin embargo, según el instituto de investigaciones HIIK de Heidelberg (Alemania), en el año 2011 hubo veinte guerras, la cifra más alta desde el final de la Segunda Guerra Mundial y un dato alarmante que refleja la metástasis de la violencia.