Hay primaveras con plazas que revientan. Hay primaveras a golpes de misil. Y las hay que exigen prescindir por un día de zapatos manufacturados en Milán. Hace unos meses, un tuitero kuwaití recomendó a sus amigos «no ponerse zapatos de Prada para protestar, calzar algo más práctico». Y así, en plan práctico, los manifestantes acabaron en noviembre por asaltar el Parlamento –rompieron un par de sillas– y el emir acabó por convocar elecciones anticipadas: Kuwait acude hoy a las urnas después de tres meses de vértigo y con un cierto halo de primavera árabe. La primavera kuwaití, en todo caso, está perfumada de crudo: muchos manifestantes van en Porsche. «No se trata de dinero, no se trata de petróleo, se trata de democracia real», dicen.
Ver nota completa