Es probable que pocas personas tengan un antes y un después tan marcado como Asma al-Assad, o un perfil público tan cuestionado. Durante su «antes», la primera dama siria era descripta por políticos de todo el mundo como una fuerza renovadora en Medio Oriente, la edición francesa de la revista Elle decía que era un ícono de belleza y Vogue la describió como la «rosa del desierto», aunque a poco tiempo de publicar su artículo, que describía en términos más que favorables al gobierno sirio, se vio forzado a retirarlo de su sitio web.