La especie humana es tan enemiga de la paz, que la pechera de los guerreros suele estar llena de condecoraciones, pero rara vez se concede una medalla a los pacifistas. Existe sin embargo un premio para ellos, que es el Nobel de la Paz, aunque a veces lo recibe gente tan insólita que la lista de galardonados ayuda a consagrar el prestigio de la guerra, en lugar de condenarla. Hace unos días los analistas de un instituto alemán sacaron cuentas y llegaron a la conclusión de que a lo largo de 2011 hubo veinte guerras en el mundo, el número más alto desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Semejante balance debería avergonzar a la gente civilizada, pero en verdad no conmueve a casi nadie y pasa desapercibido para la mayoría.
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