Nosotros podríamos volver aquí hoy –como lo hemos hecho en años anteriores¬– a recordar y mirar la historia, que nos habla de cómo la revolución de los jóvenes turcos de la época devino rápidamente en una simple dictadura y su Junta de Gobierno en un triunvirato extremista, con la suficiente crueldad y convicción ideológica como para elaborar un plan de exterminio que se aplicó con gran saña. Podríamos volver a abril de 1915, cuando nuestros ancestros armenios fueron asesinados a sangre fría, deportados en caravanas a los desiertos al norte de Siria, para –miles de ellos– morir de hambre y enfermedades.