Ese anodino hombre gris de uniforme que cruza una calle adoquinada fusil al hombro y tocado con el pickelhaube, el característico casco alemán de la Gran Guerra coronado por un pincho, será con el tiempo el causante de la mayor hecatombe de la historia. Se llama Adolf Hitler. El historiador alemán Thomas Weber (1974), doctorado en Oxford y profesor de Historia Europa e Internacional en la Universidad de Aberdeen, en Escocia, se ha asomado a la vieja fotografía desenfocada en la que se destaca, cómo no, un bigote, para investigar cuál fue en realidad la experiencia bélica del futuro líder nazi en la I Guerra Mundial, y si fue tan decisiva para él y su ideología (opina que no). El resultado es un libro revelador y apasionante, La primera guerra de Hitler (Taurus), en la que Weber, mediante un concienzudo estudio de los registros del regimiento en el que luchó Hitler -el 16º Regimiento Bávaro de Infantería de Reserva, RIR 16, o Regimiento List, por su comandante- desmonta lugares comunes, tópicos y clichés. De entrada, y esto sorprenderá a muchos, apunta que en realidad Hitler no fue cabo.