A Yonatan Sandler (30), sus hijos Arie (6) y Gabriel (3) y a Miriam Montenego (7) ya nadie podrá devolverles la vida. Su asesinato en el atentado terrorista del lunes en la escuela Otsar HaTora en Toulouse, al sur de Francia, es irreversible. Los disparos salvajes del atacante a la entrada del secundario, dirigidos conscientemente hacia civiles, un padre y sus dos hijos que iban de su mano, la corrida tras la pequeña hija del director y la confirmación de su muerte con tres balazos a la cabeza, no tienen lamentablemente marcha atrás. Pero hay algo que aún puede hacerse no para mitigar la dimensión de lo ocurrido sino, quizá, para cambiar algo del futuro. Los extremistas, cabe suponer, seguirán existiendo aunque no haya tropas francesas en Afganistán y aunque no muera nadie en Gaza en el marco de la guerra que el terrorismo impone a Israel. Pero los moderados pueden ser más elocuentes que hasta ahora. Aunque no usen armas de fuego ni acuchillen a nadie para convencer de sus razones, pueden hablar más fuerte que hasta ahora.
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