El tema de los derechos humanos se ha convertido en elemento omnipresente de todos los discursos, debates y declamaciones de este gobierno. Es algo saludable si se los entiende como derechos universales, inherentes a todos los hombres y mujeres, de aquí y del mundo, por su condición de tales y no solo referidos al Uruguay y a las víctimas de la dictadura militar. Los derechos humanos se respetan allí donde exista el hombre porque a él pertenecen y promoverlos es la razón última de la existencia del Estado; no son instrumentos del oportunismo para lograr ventajas políticas, satisfacer al amigo y castigar al adversario.