El autor y sacerdote inglés William Ralph Inge dijo en cierta ocasión que “un hombre puede construirse un trono de bayonetas, pero no puede sentarse en él”. Sin embargo, la dinastía Assad de Siria parece creer que puede impugnar esa máxima. Históricamente, pocos autócratas han entendido que el cambio producido pacíficamente por un gobierno es la solución conservadora más viable para las peticiones populares y la forma mejor de evitar la revolución violenta . Ésa es la sabiduría que Hosni Mubarak de Egipto, Muammar el Kadafi de Libia, Zine El Abidine Ben Ali de Túnez y Ali Abdullah Saleh del Yemen no han aprendido. Es la enseñanza fundamental que se desprende de la Primavera Arabe y que el presidente de Siria, Bashar Al Assad, ha pasado por alto de forma sangrienta.