La policía de Gaza encontró a K. K. en una barraca de playa con su supuesto amante cerca de Jan Yunis, al sur de la franja hace dos semanas. Los detuvieron, los interrogaron y después los soltaron. La pareja sabía que el castigo no acababa ahí. Sabían que en Gaza, una mujer casada no puede dejarse ver con un hombre que no sea su marido o su familiar. Sabían también que tratándose de Jan Yunis, una de las zonas más conservadoras de la franja, el castigo no tardaría en llegar. Lo que desconocían es el grado de brutalidad que iba a alcanzar. “Muy grave incluso para los estándares de Gaza”, según una activista de derechos humanos de la franja.