El nacionalismo ha sido el virus que ha destruido a Europa durante la primera mitad del siglo XX. La construcción de un espacio público compartido, profundizando las competencias comunes y ampliando a un mayor número de países, ha servido a Europa para superar esa patología que la llevó al enfrentamiento durante un siglo. Del impulso por superarla nació el ethos de la paz, la libertad y la cooperación solidaria entre adversarios históricos, para desarrollar lo que hoy llamamos Unión Europea. Lula la considera un “patrimonio democrático de la Humanidad que no tenemos derecho a destruir”.