Dos coches bomba que volaron ayer en mil pedazos en la capital siria mataron a 55 personas y arrasaron la fachada de un edificio de inteligencia militar. Fue la explosión más mortífera desde que comenzó el levantamiento hace catorce meses. Los residentes dijeron que las explosiones ocurrieron en breve sucesión durante la hora de mayor afluencia de público. Una explosión más pequeña fue seguida por otra más poderosa, aparentemente destinada a hacer impacto en las cuadrillas de rescate y los curiosos. Paramédicos con guantes de goma recogían restos humanos del pavimento en medio de la destrucción.