Las manifestaciones en Siria empezaron a mediados de marzo de 2011 exigiendo mejoras económicas y libertad para los prisioneros políticos. Ahora, lo que imploran los miles de sirios que arriesgan sus vidas en las calles es que los salven de las garras de un régimen descontrolado. Una de las raras imágenes de la revuelta vista esta semana por televisión, la de una estatua de Hafez al-Assad, padre del actual presidente asesino, por los suelos y pisoteada, sintetiza el cambio de humor de un conflicto que cuenta ya con más de 10.000 muertos (!) y va para más.