La muerte parece que confirmada de un español como combatiente yihadista en Siria es una llamada de atención sobre algo ya ocurrido en conflictos como el bosnio, el afgano o el iraquí y que es extremadamente preocupante. El taxista ceutí Rachid Wahbi, vecino del barrio del Príncipe Felipe, habría muerto el 1 de junio y formaba parte de un grupo detectado de al menos tres españoles que se habría desplazado a Siria en abril para combatir en este emergente frente yihadista. En él no hay objetivos infieles, que sí había en Irak, pero sí apóstatas (el régimen de Bashar El Assad y sus seguidores, pertenecientes además a una rama shií del Islam y por tanto rechazable para los yihadistas) que para los extremistas tienen tanta o más importancia. Como ya ha ocurrido en otras ocasiones, el efecto contagio de nuestra frontera terrestre con Marruecos tiene su importancia, y a los grupos de marroquíes procedentes de Tetuán o de Castillejos detectados en Siria se han unido desde abril un grupo de españoles ceutíes. Una decena de habitantes de la localidad de Castillejos, la más próxima a Ceuta al cruzar la frontera del Tarajal, habría muerto en los últimos meses.