Golpes en la puerta y voces abruptas, imperativas, despertaron a miles de judíos residentes en París y sus alrededores al alba del 16 de julio de 1942. En dos días, la policía francesa, convertida en brazo ejecutor del ocupante nazi, arrestó a 13.152 personas de confesión judía -muchos de ellos refugiados de Europa del Este, la mayoría mujeres y niños- para deportarlos a los campos de exterminio nazis. Sólo un centenar sobrevivió. Setenta años después de lo que ha pasado a la historia negra de Francia como la redada de Vel d’Hiv -por el nombre del lugar, el Velódromo de Invierno, donde fueron inicialmente confinados-, el país afronta un preocupante rebrote del antisemitismo. Esta vez, el odio antijudío se incuba entre los jóvenes musulmanes de las banlieues.