La historia parece a veces un fenómeno ilegible para muchos de los protagonistas de estas épocas. Se lo nota en las formas inflexibles del trámite del callejón económico europeo pero también en la levedad con que se lidia con las nuevas demandas sociales y políticas de esta etapa. En Egipto, por primera vez en la historia un civil votado democráticamente acaba de llegar a la presidencia. Es un giro revolucionario en el país más influyente de la región. Pero ese crecimiento ha sido colonizado por los militares que buscan que el salto de tiranía a democracia no roce sus intereses. Creen poder hacerlo. El nuevo mandatario, Mohamed Morsi, pertenece a los Hermanos Musulmanes, un sello con una historia de complicidad con la dictadura militar. Esa cofradía primero saboteó la rebelión republicana egipcia pero luego se sumó cuando advirtió, con olfato oportunista, que el régimen estaba perdido.