Hay 200 afrouruguayos que lucharon contra las barreras sociales y culturales, y hoy son profesionales universitarios.
Hay 200 afrouruguayos que lucharon contra las barreras sociales y culturales, y hoy son profesionales universitarios.
Establecido en Medio Oriente desde hace 10 años, Javier Espinosa es una de las pocas personas que transmiten en castellano lo que pasa por estos días en Siria, donde se libra una guerra que empezó hace 17 meses y cuya única evolución parece ser larga y sangrienta. En la década de 1990, el periodista empezó a usar sus vacaciones para ir a conflictos como el de Sri Lanka, Angola o la ex Yugoslavia. Al cabo de 20 años, Espinosa está radicado en Beirut y es un ejemplar de una especie en extinción: la de los corresponsales de guerra. A través de Skype, relató su experiencia a El Observador.
Sal Emergui informaba ayer desde Jerusalén, en una minuciosa crónica en elmundo.es, que Israel se está planteando bombardear Irán. El presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, ha expresado el deseo de «acabar con el proyecto sionista» y que trabajará por «la desaparición del ente sionista»; y a su vez son indiscutibles sus progresos en la composición de ojivas nucleares. El primer ministro Netanyahu ha dicho claramente que un Irán nuclear supone para su país una «amenaza existencial».
Hace 18 años, en pleno centro de Buenos Aires, un coche bomba explotó en la sede de la AMIA, una prestigiosa entidad judía de acción social. Murieron 85 personas y quedaron heridas 300 más. En la misma capital argentina, dos años antes, en 1992, había volado la Embajada de Israel y 29 fueron los muertos. La investigación de la justicia argentina ha individualizado como responsables a agentes de origen iraní, con algunas obvias conexiones locales. Las extradiciones de los sospechosos no han sido concedidas y, en consecuencia, persiste la oscuridad sobre el terrible atentado.