La violencia desatada en el mundo musulmán por publicaciones ofensivas sobre Mahoma, con decenas de muertos y multitudes enardecidas en las calles, refleja la distorsión del fervor religioso en odio político y protesta social…
La violencia desatada en el mundo musulmán por publicaciones ofensivas sobre Mahoma, con decenas de muertos y multitudes enardecidas en las calles, refleja la distorsión del fervor religioso en odio político y protesta social…
Para sorpresa de la opinión pública israelí, la policía ha destapado esta semana una extensa red de extorsión a inmigrantes africanos en Israel dirigida por Hamás…
Las manifestaciones de la semana pasada en el mundo arábigo-musulmán dejaron varios muertos, empezando por el embajador estadounidense Stevens, amigo de Libia y arquitecto de su liberación.
Pero, además, dejaron otra víctima colateral, y qué víctima, pues se trata ni más ni menos que del pueblo sirio en su conjunto, apaleado como nunca, bombardeado cada vez más, ante la indiferencia de unas naciones que solo esperaban un pretexto como este para enterrar sus tímidas y recientes veleidades de intervención: “Si esto es la primavera árabe —murmuran en las cancillerías—, si así se lo agradecen a aquellos que, como el embajador Stevens, creyeron en esta liberación, entonces ¿para qué abrir un nuevo frente, una nueva caja de Pandora?”.
Irán ha anunciado que boicoteará los Óscar de este año (como respuesta al vídeo antiislámico), pero su presidente ya ha pisado la alfombra roja en Nueva York. Nadie como Mahmud Ahmadineyad ha sabido explotar la asamblea anual de la ONU para atraer la atención de los medios de comunicación, irritar a sus anfitriones y difundir una visión edulcolorada de su país.