Cuando Miriam Bek, mi madre estalló en llanto ese día, nadie entendió lo que le estaba pasando. Recién llegada de Kolozsvár (Cluj), a tres años de la terrible experiencia de la Shoá, la familia estaba reunida y la radio transmitía el clásico del fútbol uruguayo. Cuando le preguntaron qué le sucedía, dijo: -«Nunca voy a entender este idioma.» Claro, los locutores de fútbol relatan a gran velocidad. Palabras más, palabras menos, son las que escribimos en nuestro libro «Una voz para la memoria. Testimonio de una uruguaya que pasó por once campos de concentración.»