«Después de que nuestra casa fuera destruida en Siria hace ocho meses, nos movimos de un sitio a otro escapando de la guerra antes de cruzar la frontera libanesa» explica Wafaa, una joven mujer que vive con su marido y sus 4 hijos en un edificio en construcción en Al Marj, un pequeño pueblo situado en el valle de la Bekaa, en el este del Líbano, donde se han instalado buena parte de los refugiados sirios que han escapado al país del cedro. «Dormíamos en la calle hasta que el propietario del edificio nos ofreció quedarnos aquí. Por la noche los 6 compartimos dos colchones y algunas mantas. Es todo lo que tenemos».