Hace 65 años, el mundo se enfrentó a una de las grandes pruebas morales de la historia. Y fracasó miserablemente. El 9 de noviembre de 1938, Adolf Hitler desató los impulsos más oscuros de la humanidad en un ataque brutal que se desencadenó en Alemania y Austria. Se lo denominó “Kristallnacht” o “La Noche de los Cristales Rotos”, en referencia a todos los cristales despedazados brillando en las calles. Más de mil sinagogas fueron quemadas, las vidrieras de los negocios judíos destrozadas y las tiendas saqueadas. Miles de judíos fueron detenidos y llevados a campos de concentración, y unos 400 fueron asesinados. Los bomberos fueron espectadores de brazos cruzados y sólo se aseguraron de que los incendios no se extendieran más allá de las sinagogas. La policía ayudó a los alborotadores.