Erase un músico que sobrevivió a muchas tragedias. Una de ellas fue el Holocausto, pero también la Guerra de Independencia en Israel, las canteras del Kibutz donde trabajó como minero, la depresión, y hasta un cáncer de piel. Este hombre, hoy completamente sordo, tenía un compañero que alumbró, en muchas ocasiones, su soledad: un clarinete. Y un anhelo que lo mantuvo vivo: la esperanza de, algún día, dar un concierto.