Salvador Dali creó una serie de trabajos sobre temas judíos entre los que se incluye «Aliyah”, La canción de las canciones, Shoá, Las 12 tribus de Israel, el Paraíso Perdido (1974), Nuestros profetas, Moisés y el monoteísmo y varias más.
Salvador Dali creó una serie de trabajos sobre temas judíos entre los que se incluye «Aliyah”, La canción de las canciones, Shoá, Las 12 tribus de Israel, el Paraíso Perdido (1974), Nuestros profetas, Moisés y el monoteísmo y varias más.
Mañana martes 12 de noviembre a las 20.30 horas, se llevará a cabo en B’nai B’rith (Canelones 1222) el acto de conmemoración de La Noche de los Cristales Rotos. Contará con la oratoria central del historiador y politólogo Prof. Gerardo Caetano.
A mediados de los años 20 del pasado siglo el fútbol austriaco era el más potente en Europa, una referencia que estaba poniendo las bases para una selección que una década después se iba a ganar el apodo de Wunderteam (equipo maravilloso). En un mundo en el que la cuestión judía latía cada vez con más fuerza, un equipo de jugadores hebreos se iba a convertir en el campeón de Austria en 1925 y, para los que le vieron jugar, uno de los que cambió la historia de su deporte. Su nombre era Hakoah (Fuerza en hebreo), jugaba de blanco y azul, como los colores de la bandera de Israel, y cosían la estrella de David en sus camisetas lejos de saber que años después Adolf Eichmann iba a hacer de ese distintivo una brutal marca racial. Los equipos de judíos surgían en las grandes ciudades centroeuropeas con nombres de referencias a la historian de su pueblo: Hagibor (Héroes), Bar Kochba (el líder de la revuelta del año 132 que creó un estado judío independiente de Roma que resistió tres años bajo su reinado).
Esas palabras eran familiares. Las palabras que estaba escuchando en ese mismo momento las había escuchado en otro tiempo, en otro lugar. No las comprendía pero sabía que habían estado allí, antes de aquel amargo ahora. Hanna, ¿me escuchas? Hanna…
Después llegaron los gritos, aquellos gritos que se habían convertido en rutina. Generalmente me ponían nerviosa, cerraba los ojos porque creía que así no los escucharía, que mi mente me llevaría otra vez a pensar en esas palabras que deseaba descifrar, pero los gritos eran ladridos humanos en aquella noche fría. Trataba de taparme los oídos para no oírlos, pero los tonos de las voces eran agudos y penetraban a través de los dedos que querían proteger mi alma. Los gritos eran órdenes: “¡Silencio! ¡Raus! ¡Recuento!” ¡Tantas veces quise gritar!… pero mi voz quedó enmudecida. Los gritos se enredaban en los llantos de todas nosotras, en el pelo rapado, en aquella trenza que, como gesto de bienvenida a aquel lugar, había sido cortada con brutalidad.