Volví deslumbrado con el país (Israel), con la buena onda de toda la gente con la que estuvimos, y con la vitalidad de la vida social y cultural en Tel Aviv, una ciudad maravillosa recostada al Mar Mediterráneo, con unas playas y aguas impresionantes y una espectacular cadena de ciclo vías, restaurantes y bolichitos.
Me encantó Yaffo, Neve Tzedek, los restaurantes y galerías de Shabazi, la vieja estación de trenes, el Sholomo Lahat, la cantidad de jóvenes, y la multiculturalidad evidente de esa sociedad tan diversa.