Una brisa perfumada cabalga el Genil al atardecer. El aire de la Sierra recorre el paseo de la Bomba y deja a un lado la Carrera de la Virgen para internarse por el Realejo hacia arriba. Es la misma hora, aunque los siglos se interpongan sin remedio, y es probablemente el mismo espacio que cantara Moseh Ibn Ezra, el mayor poeta judío de la época andalusí, en el célebre ‘Poema de los dos exilios’. «Vientos perfumados que al atardecer pasáis por Granada,/ y sobre el monte Senir sopláis, / cerneos un poco sobre mis hermanos / y dulcemente traed a mi nariz su perfume, traedlo». Aquí, en el triángulo formado por San Matías, San Cecilio y Santiago, es donde los cronistas localizan Garnata Al-Yahud, la Granada de los judíos, el mítico asentamiento de la colonia hebraica.
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