En ese marco, que a nuestro juicio no solo persiste sino que los acontecimientos más recientes vuelven más vigente que nunca, resurge, por ejemplo, como imperativo ético insoslayable, la elaboración e implementación, como señala la Resolución aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas sobre la “Recordación del Holocausto” de noviembre de 2005, de “programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto con el fin de ayudar a prevenir actos de genocidio en el futuro”.