Cuando el dictador Hafez Al-Assad agonizó durante unos pocos minutos tras el ataque al corazón que colapsó su vida el 21 de mayo de 2000, solo se preocupó por «las cuentas» que debería pagar en la otra vida. Sabía que su legado sería continuado con exactitud y precisión marcial por su hijo, Bashar Al-Assad. Y así fue, con algunos detalles que la rica historia siria no le perdonará a su sucesor.El dictador sirio dejó a su nación en las manos de sus padrinos: Vladimir Putin y el Ayatollah Khamenei. Estos dos regímenes se «dividen» un país devastado.