En el norte de Israel, la vida cotidiana se ha paralizado, perturbada por la incesante amenaza de los ataques con cohetes y vehículos aéreos no tripulados [drones] lanzados por Hezbollah. En las zonas cercanas a la frontera, las escuelas han cerrado, las carreteras son inseguras y las familias –incluida la mía– viven al límite, con