Hay momentos que no se olvidan. Quedan grabados en la memoria. No se pueden olvidar. Ni el lugar donde uno estuvo, ni el día, ni siquiera la hora. A menudo esos momentos son tristes. Trágicos. Uno de ellos fue el lunes 18 de julio de 1994. 22 años atrás. Era las 9 53 hs. El día que marca un antes y un después en la vida de la comunidad judía argentina.