La calle Pasteur se convirtió desde en un corredor de memoria con veredas negras y blancas donde a cada uno de los 85 árboles allí plantados le asignaron el nombre de una víctima del atentado a la AMIA, ocurrido el 18 de julio de 1994. La obra ya es parte del paisaje del barrio porque las personas que por allí pasan se detienen y leen el nombre de una de las víctimas grabado en la baldosa de mármol negro al pie de cada árbol a lo largo de las cuatro cuadras del corredor que va de Córdoba a Corrientes.