No pierdo proporciones. Lo que escribo, creyendo modestamente aportar algo con mis pensamientos al análisis de los temas de actualidad, lejos está de ser el centro del mundo. Y como saben quienes me leen, no suelo escribir con las vísceras. No le quito corazón, pero trato de hacerlo más que nada con la razón. Así que eso de «en medio de la tormenta» que elegí de título, no apunta a que me crea que lo principal sea lo que yo opino, ni de lejos, sino a que los debates desatados a raíz de algunas opiniones que emití estos días, me hicieron pensar nuevamente en lo difícil de resolver el conflicto israelo-palestino.