Hace pocos días, el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi declaró que Mosul había sido «liberado». Pero el triunfalismo, del que se hizo eco Teherán, es prematuro. El 11 de julio Lise Grande, la coordinadora para asuntos humanitarios de Naciones Unidas, afirmó que cientos de civiles – quizás tanto como 3.000 – aún estaban atrapados en las zonas donde los combatientes de Isis seguían resistiendo. Por lo tanto, es cierto que el Estado islámico es ahora mucho más débil que antes, que el territorio que controla es una fracción de lo que tenía hace un año. Pero, contrariamente al triunfalismo de los EEUU e Irán, Isis no ha sido exterminado. De hecho, en el corto plazo la amenaza de Isis puede haber crecido.